Pumpkin Night

Club Café Literario Freinet

Obra colectiva adaptada del manga Pumpkin Night de Hokazono Masaya

Siempre interrumpiendo, siempre quejándose. “Ya mátala de una vez para que se calle, es tan fastidiosa, no me deja dormir.” Demasiados gritos para una noche, no aguanta nada. Y a pesar de todo, esta es una de las noches más normales de su vida; ha pasado peores ratos.

“He pensado en matarla yo misma. Lo ha pensado y, de hecho, lo ha intentado.”

Ayer fue la comida. Hoy, el perro enfermo. La rutina sigue, en dos minutos debe pararse a revisarla, proseguirá a sanarla y a maldecirla.

Ya transcurrió ese tiempo que parece segundos. Abre su puerta, camina hacia la habitación de sus viejos y ¡demonios! Ya está muerta… es día de romper la rutina. Estas cosas marcan tu vida y no puedes hacer mucho al respecto si tienes doce años y tíos alcohólicos.

“Pude salvarme un tiempo de la escuela, pero los milagros no duran para siempre” A él lo metieron a la cárcel y a ella en la casa de sus tíos, ahogándose en alcohol todo el día. Pobre Sophie, de pensar que las personas más brillantes se encuentran en las calles peleando por comida y siendo mal vistas en lugares en los cuales no pertenecen.

Su vida se basa en rutinas. Su escuela no es la excepción: “Los niños son crueles”, se tiene que repetir. Así ha vivido por los últimos cuatro años. Hace unos días tiraron su comida a la basura, ayer la patearon; seguramente hoy le quitarán su tarea. Cualquier niño esperaría que sus padres lo consolaran al llegar a casa. En este caso, ella solo llega a escuchar más insultos y órdenes.

“¿Qué clase de vida es Ésta?” La gente que tiene vidas promedio diría esas cosas, para ella ya no es importante: sus tíos ya no cuidan de sus necesidades. Que gran oportunidad tienen estos niños          para idear nuevas bromas.

“Suicídate, por favor”, “ya no sufras y muere” …no podrías distinguir si era lástima o burla.

Se tomó las sugerencias en serio. Aparentemente nadie se preocupó de más o se percató de la situación, solo los extraños que la veían intentando saltar a la carretera; tal vez creyó que valía la pena vivir un poco más. Sus compañeros no soportan tener que verla, pero siguen imaginando bromas ingeniosas que la harían irse. “¿por qué tanto odio?” Esta clase de niños necesitan estimularse a veces por razones inexplicables. Hay que exterminar lo que es diferente ¿No es así?

Se lo han tomado enserio esta vez. Cuantas bromas ingeniosas podrías hacer en un laboratorio de química; se les ocurrió hacer una pequeña dosis de Napalm, en realidad es muy fácil de preparar, solo necesitas guarniciones de gato, Coca Cola light y jugó de naranja congelado. Aparentemente ese intento no había funcionado, el proceso de mezcla le pareció difícil a los pequeños diablos. Sería mejor una pequeña dosis de ácido; La realidad es que salió mejor de lo que pudieron haber querido: una pequeña Sophie gritando de dolor, niños riendo, maestros y niñas en pánico, ambulancias, reporteros… seguro que será el orgullo de su vida.

Sophie estuvo pudriéndose en un hospital pensando: “la vida sí que puede empeorar”. Imaginando infiernos para sus compañeros, tratando de sentir su rostro y trazando líneas sobre él. ¿Qué habrá sucedido con los pequeños diablos? ¿Por qué les habrán otorgado fianza? Ya sabes lo que dicen: “no confíes en los sistemas”. Qué mejor manera de demostrarlo que con la escuela y con la ley.

Cuando su director fue a visitarla, trató de contar la terrible tragedia. Era obvio que el señor sólo pensaba en irse de allí. Es comprensible la repugnancia que debió sentir.

La verdad es que ni siquiera la escuchó: no planeaba hacer nada, más que borrar la existencia de lo ocurrido. Lo único bueno que hizo fue darle herramientas a Sophie para salir de su cama y llegar a la casa del pobre hombre y darle el susto de su vida. Tomó un cuchillo de la cocina e intentó clavárselo al día siguiente; al parecer salió por la ventana y tomó una calabaza decorativa del frente de una extraña casa. Qué ingenioso ¿quién la reconocería así? Pudo darse cuenta que todos lo hacían y que la señora la espiaba. Por supuesto, yo también llamaría a la policía si viera una calabaza mirándome por mi ventana; yo también la mandaría al manicomio.

Ahora sí, las cosas se hicieron peores. Está rodeada de locos vengativos: Nuestro ambiente influye a nuestra mente. Se ha convertido en algo natural: quien arruina nuestra vida es a quien más odiamos.

Nunca nadie descubrió que, después de un año ahí, ella encontraría la manera de salir de ahí con algunos amigos que conoció en el lugar. Qué curiosa coincidencia que fue justo un año después de lo sucedido en la casa del director. Para algunos fue un lindo Halloween. Para sus ex compañeros fue el peor día de su vida, para algunos, el último. Para mí, seria humillante morir por una calabaza, peor si soy asesinado violentamente y me desmiembran.

¿Las cosas se pueden poner peor?

Obra: Vela, Jimena Aimé Marín Díaz

Autores:

Marián Guadalupe Guillén Cordoba

Luna Lizeth Martínez L’kehoe

Diego Velázquez Hernández

Jimena Ayelén Ramírez Ramos

Héctor Enrique Pérez Morales

Carlos Rojas González

Gibrán López Aguilera

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