La leyenda del taxi fantasma

Isabel Mandujano Ortiz

Cuando alguien llega a visitar la hermosa ciudad de Xalapa, le terminan diciendo una advertencia muy peculiar: no te vayas en las primeras horas de la mañana, menos si está lloviendo.

Esto es por una historia que se ha contado de generación en generación. Los turistas generalmente suponen que aquello viene de la inseguridad general que hay en el transporte público o por el peligro del clima, pero no falta el que pregunta el porqué de la advertencia, ese es el que descubre la tenebrosa verdad.

Hace muchos años, vivió un señor que era conocido por viajar por todo México y compartir lo que se encontraba en el camino. Era una autoridad, pues siempre hacía recomendaciones de actividades para los que quisieran turistear y pasar un buen rato. Este señor era listo, aventurero y muy simpático, pero tenía un defecto que de vez en cuando le hacía pasar malos ratos: era muy desorganizado. Claro que había estado trabajando en ello con algunas rutinas, pero de vez en cuando publicaba en sus redes de forma desorganizada, llegaba tarde a algunos eventos o de plano se perdía por no seguir las instrucciones adecuadamente.

Un día le llegó la oportunidad de viajar a Xalapa. Él, todo entusiasmado, aceptó, empacó sus cosas lo más rápido posible después de checar costos de hospedaje y transporte, y se marchó.

Decidió que viajaría en camión, pues Xalapa está cerca de todos lados, y, una vez empezado el viaje, inició a documentar todo lo que le llegaba a pasar. Contó en un post que se iba a quedar cuatro días en la ciudad y prometió volver en algún momento para dar a conocer más a fondo la ciudad.

Un clima soleado y fresco le dio la bienvenida. Se asombró por la naturaleza del lugar y caminó por todo centro turístico que estuviera cerca de su andar. Él no era de gastar mucho dinero en sus primeros viajes, así que el primer día, cuando le llegaba el hambre, siempre se alimentaba de la comida que había empacado.

Se iba haciendo de noche. Tanta actividad lo estaba dejando agotado, así que se dispuso a buscar un hotel para dormir, pero a los pocos pasos se dio cuenta que no podía reservar uno por una peculiar razón: se le había acabado el dinero.

Al salir tan rápido de su casa, víctima de su mala organización, solo se llevó en la mano el dinero suficiente para llegar a la ciudad y no cargaba nada más, ni tarjetas de crédito o monedas sueltas. Cuando el hombre cayó en cuenta de la gravedad de su situación, le fue imposible no alarmarse. Buscó en toda su mochila con la esperanza de poder encontrar algo que lo pudiera ayudar, pero nada, ni siquiera tenía comida o agua para pasar el día siguiente, ya que todo se lo había acabado unas horas atrás. Intentó llamar a algún familiar con la esperanza de que le contestaran, pero de tantas llamadas, la batería de su celular se agotó y no podía usarlo más.

Las horas avanzaban, y con ellas la desesperación y la ansiedad. Caminó largo tiempo en busca de algún techo en el que pudiera refugiarse, hasta que empezó a llover. Bien sabía que el clima de Xalapa era algo peculiar y ahora él entendía el porqué, en cuestión de segundos la lluvia arreció, era la peor tormenta que había visto en su vida.

Estaba totalmente exhausto. Comenzó a rezar, a pedirle a todas las entidades que existen, que pudieran oírlo, que lo ayudaran. Cada vez se veía en más peligro por las corrientes fuertes de agua. El sonido de la lluvia era tan fuerte que apenas se podía escuchar a él mismo, sin contar que el frío comenzó a fortalecerse.

El hombre estaba a punto de caer rendido al notar que el cielo empezaba a clarear, cuando de repente parece que sus plegarias fueron escuchadas. A unos pasos de distancia pudo ver cómo un taxista bajaba de su vehículo para entrar al tejado de un edificio y tocar el timbre. Ya no estaba pensando lógicamente, el hambre, el sueño y la angustia, lo habían enloquecido un poco. Notó que el taxista no le había puesto seguro a su carro, el turista corrió y se subió a aquel taxi para poder regresar a su ciudad.

El robo tuvo éxito. El hombre manejó por cualquier calle, hasta que logró ver la señal de la carretera que lo pudiera sacar de ahí. Para el momento cuando empezaba a salir de la ciudad, ya eran las seis de la mañana, estaba demasiado cansado, pero con mucha adrenalina en su cuerpo, por eso no era muy consciente de sus acciones. La adrenalina fue bajando y el cansancio fue venciendo su cuerpo. Por momentos parpadeaba largamente. En un abrir y cerrar de ojos terminó chocando contra el carro de una familia que había decidido venir a visitar Xalapa, quitándoles la vida al instante.

Se cuenta que los policías y los paramédicos no encontraron nada en la escena del choque, no hubo rastro ni de aquel hombre ni del taxi que conducía. A partir de ese entonces, se alerta que si sales de la ciudad en la madrugada, puedes llegar a encontrarte a este hombre y tu vida acabará en un trágico accidente.

Obra: Miedo, Yael Villegas Cruz

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