Noche de película

Faride I. Demeneghi Hernández

Era una noche oscura y con mucha neblina en las calles de la privada de Pablo Frutis. Me encontraba viendo películas de terror en la sala con mi familia, estábamos viendo Así en la tierra como en el infierno. La empezamos un poco tarde, así que acabó como a las tres de la madrugada. Después todos nos fuimos a acostar. Llegué a mi cuarto, me puse mi pijama y, cuando estaba por meterme entre las cobijas de mi cama, escuché que los perros de mis vecinos no paraban de ladrar, por lo cual me asomé por la ventana. Me pareció ver una silueta de una mujer, tenía el pelo largo y un vestido blanco que arrastraba hasta el suelo.

De repente, la mujer me volteo a ver. Lo más rápido que pude, cerré la cortina con mucho miedo, sintiendo un frio que me recorrió todo el cuerpo. Mis manos se pusieron temblorosas. Corrí a mi cama y me tapé con mi cobija de pies a cabeza, como si ese pedazo de tela me pudiera proteger, sin embargo de alguna manera me hacía sentir más segura.

De un momento a otro, escuché que los perros dejaron de ladrar, así que, por curiosidad, pero aún con miedo, volví a levantarme para ver de nuevo por la ventana. Cuando abrí la cortina para asomarme, ya no había nadie. Me tranquilicé y pensé que todo fue un acto de mi imaginación por la película de terror que acabábamos de ver.

Regresé tranquilamente a mi cama, me acosté para dormir. Cuando me estaba quedando dormida, empecé a escuchar una serie de rasguños en la puerta. Sentí como mi cuerpo se tensó, comenzó a correr por mi frente, mi pecho, mis piernas, un sudor frio. Los rasguños no paraban. Decidí hacerme la valiente.

Me senté en la cama. Miré fijamente a la puerta. No se veía ninguna sombra por la ranura de abajo. Me levanté con las piernas y las manos temblorosas, caminé hacia la puerta y, en ese momento, los rasguños pararon, aun así, quería ver qué había sido, quería mi explicación para estar tranquila. Puse mi mano sobre la perilla y empecé a girarla lentamente, sentía el miedo en cada uno de mis dedos, mis ojos se preparaban para ver qué encontraría detrás de la puerta. Abrí la puerta…

Una criatura se abalanzó sobre mi pierna. ¡Voy a morir!… Era mi perrita. La había dejado afuera y no me di cuenta, sentí un alivio muy grande, la cargué, le di un fuerte abrazo y regresé a mi cama para después quedarme profundamente dormida.

Obra: Miedo, Karen Contreras Hernández

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