
Ana Luisa Téllez Rosales
El profesor se sentó en su escritorio, con una extensa sonrisa, satisfecho por el silencio que reinaba en el salón: todos los alumnos estaban callados, sin jugar entre ellos, sin reír, pararse, saltar, ni gritar ni eructar, no se estaban rayando unos a otros ni a las mesas, tan solo leían tranquilamente el contenido de su libro de texto.
Era un grupo tan tranquilo y sereno, y el profesor los mantenía así sin ningún esfuerzo ¡Todos los profesores desearían tener una clase así como la de este profesor!
-Supongo que el único problema es el olor- dijo el profesor, tomando un pañuelo para cubrirse la nariz y seguir mirando a los 28 cuerpos muertos sentados en los pupitres, todos con el cuello doblado hacia sus libros y con un discreto corte en la nuca, ya cosido.
Pero iban todos con su uniforme limpio y completo, y estaban leyendo su libro sin hablar, y eso es lo que importa ¿no?
Son todos unos alumnos modelos.

Deja un comentario