Un rayo de inspiración

Maximiliano Del Moral Morales

Era una fría noche francesa de 1752, el cielo estaba nublado por completo, la noche azotaba con fuertes vientos y una tormenta se venía venir. La noche era amenazante, nadie se atrevería a salir, nadie excepto un hombre y su cometa roja.

Sólo quería una cosa, que un rayo golpeara su cometa hecha con un alambre metálico. Claro que no estaba loco, era un científico que solo buscaba demostrar algo. Cuando apenas empezó la tormenta, un rayo aterrizó, aunque no lo hizo en el cometa como esperaba, sino sobre él. Un destello fue todo lo que vio antes de desvanecerse, literalmente, pues este no era un rayo normal.

Sin saberlo había viajado al futuro, no entendía qué había pasado, ni reconocía el paisaje a su alrededor. A pesar de la confusión, logró ver a un hombre con un bigote particular, había algo diferente en él que le pareció interesante, así que decidió seguirlo.

Después de un rato logró observar a lo lejos una especie de cúpula en la que el hombre entró. Cuanto más se acercaba, empezó a tener una sensación extraña por todo su cuerpo, pero a la vez familiar. Una vez dentro, se encontró de frente con un espectáculo deslumbrador: rayos por doquier, todos saliendo de una máquina rara en el centro de la habitación.

Impactado, vio al hombre extraño a un lado de la máquina. El científico le gritó pensando que corría peligro tan cerca de aquel artefacto. El hombre apagó la máquina y se le acercó confundido, pues no sabía quién era este hombre de vestimenta tan antigua.

            —¿Quién es usted? — preguntó el hombre de bigote.

            —Mi nombre es Benjamín, ¿y el suyo? — respondió agitado.

            —Nikola, mucho gusto.

A continuación, ambos genios intercambiaron palabras, pues a ambos les interesaba saber más del otro, sobre todo después de entender que no pertenecían al mismo tiempo.

El más interesado era Benjamín, pues quería saber más de aquella máquina tan impresionante. A pesar de no haber entendido casi nada de su funcionamiento, se le quedó algo grabado en su pensamiento:

            —¿Cargas positivas y negativas? —se repetiría constantemente el genio— ¿Podría ponerla a funcionar de nuevo? —le pidió a Nikola quien la encendió una vez más.

Asombrado, Benjamín se acercó a ella y aquella sensación extraña se volvió más intensa conforme avanzaba. Ahora lo recordaba, era la misma sensación que tuvo antes de ser alcanzado por el rayo.

Absorto por la máquina, Benjamín continuó acercándose ignorando las advertencias de Nikola, hasta que fue alcanzado por uno de estos rayos y volvió a desvanecerse.

Benjamín despertó en su cama de lo que pareció un sueño muy raro. Sin pensarlo demasiado, se levantó y volvió a su experimento. Viendo sus notas, recordó aquella frase que tanto se repitió hasta que finalmente la entendió: los rayos son descargas eléctricas positivas o negativas. Sus propiedades las iría descubriendo con otros experimentos, lo que tenía seguro era que aquel hombre lo había ayudado bastante.

            —¡Gracias, Nikola! —gritaría al aire.

Imagen de Internet

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑