Un coloquio de científicos

Andrea Ortega Márquez

[Ovación. Ruido de aplausos]

—Bueno, eh…

[Respira]

—La ciencia sirve de poco incluso si se difunde, gracias por aceptarlo. Levanto este premio en nombre de ello.

[El público sonríe, algunos aplauden]

—Yo entré a este Instituto sin esperar nada, entré porque creía en mi trabajo… Entré porque aceptaron mi solicitud

[Pequeñas risas]

—Descubrí algo que esperaba encontrar, pero el encontrarlo fue de cierta forma inesperado. Me encontré científicos. ¿Se imaginan científicos en una institución científica y no simples burócratas que viven del erario público, fingiendo que hacen ciencia? [Suspiro] Encontré colegas con los cuales reír, amar, sufrir, soñar, pensar… Nosotros estamos aquí para pensar en la Química, pensar en enlaces, pensar en gases e hidrocarburos. Amaba pensar junto a mis colegas. También aprendí a detestar…

[Pequeño silencio].

—¿Difundir la ciencia? ¿Cómo? ¿Hacemos carteles? ¿Una pasarela?

—Yo levanto este premio acorde a mi proyecto de educación. Proyecto que se adapta a nuestro carente sistema de educación.

[Murmullo]

—Yo estudié Química porque creí que no había nada más arriba, que podía hacerme del conocimiento absoluto, el entendimiento de la composición. ¿Qué hay más allá que el centro de todo?

—El ego.

—Sigue aquí sin esperar nada, sin querer nada, esperando refugiarte en la composición de los elementos.

—¡Encontré personas! ¡Científicos!

—No es para tanto, los científicos tenemos la cualidad de ser idiotas. Dejamos de obviar las cosas porque todo necesita una explicación, un sustento, una hipótesis qué comprobar. En honor a la verdad, un mundo que lo obvia todo, nos aterra.

—Yo cree un sistema de enseñanza de las ciencias para que pueda ser copiado en cada institución.

[Silencio]

—No te engañes, solo va a ser reproducido en las instalaciones de Monte Maro.

[Murmullo]

—Subestimé lo que es este Estado, este estado que ya nos ha quitado mucho y cuando me di cuenta de eso, me di cuenta de un millón de cosas. Me di cuenta de que el Departamento de Ciencias no se divide por área, se divide por disposición, por simpatía hacia el amado líder, y mi disposición es de cero, mi disposición a ser cómplice de este Estado es de cero.

[Murmullo con leve revuelo]

—¡No solo limitan la educación, lo limitan todo, dicen que no hay suficientes científicos, pero no dicen lo que nos piden!

[Se apaga el micrófono. Una mujer se aproxima. Un grupo de científicos se levanta de sus asientos. La mujer retrocede]

—¡Nos están conteniendo, dividiendo, mientras ellos se hastían con el poder! ¡Creamos programas, pastillas, sistemas… ¿Para qué? ¿Para qué nos paguemos un traje una vez en nuestras vidas y muramos en el olvido?

[Pocas personas a lo largo del auditorio empiezan a irse. Murmullo creciendo]

—¡Gobernante Carm!

[Ruido de impacto]

—¡Yo… Yo sé…!

[Entra un soldado de la guardia al escenario, los científicos empiezan a voltear. Sonido de disparos. Final]

Pintura: El coloquio de los sabios/ Abraham Ayala

Un comentario sobre “Un coloquio de científicos

Agrega el tuyo

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑