Tamalito y el niño
Bree Ocampo Rivera
Uno de aquellos días como tantos en las épocas de invierno, un pequeño perrito estaba en un patio lleno de nieve. Él temblaba a pesar de encontrarse en una pequeña casita de madera que apenas calentaba sus patitas frías. Las festividades navideñas pasaban día con día y cada vez el perrito sentía que su cuerpo se congelaba un poco más. La noche de Navidad, mientras todos celebraban con canciones y comida rica, como pavo relleno, vino y todo tipo de manjares, uno de los hijos de la familia salió al frío del patio para poder darle su alimento al perrito. Dejando el plato lleno de croquetas en la mitad del patio, dijo su nombre:
-¡Tamalito, Tamalito, ven a comer!
El niño gritó varias veces, pero el patio se escuchaba totalmente vacío, al igual que la pequeña casita donde vivía el perro. Cuando tuvo el valor suficiente para asomarse, lo único que encontró fue a la pequeña criatura hecha una bola, intentando darse calor a sí mismo, pero fallando en el intento. Llorando desconsoladamente, llamó a sus papás. El perrito que más quería, muy probable el único ser que lo había amado incondicionalmente, murió por su irresponsabilidad
Moraleja: Ama con todo tu ser a los que tienes a tu alrededor, pero también sé responsable con ellos.

El Gran Lobo solitario
Silvanna Sandoval Muller
En un bosque encantado, ardillas, zorritos, aves, castores y todos los insectos esperaban con ansias la Navidad. Entre los diversos animales del bosque, se encontraba el Gran Lobo. Un animal solitario, amargado y agresivo con los demás. El Gran Lobo aprovechaba cada ocasión para desplegar su fuerza, velocidad y agresividad superior. Él pensaba que cuando los animales se alejaban de él era por respeto. Esto, lo complacía.
Había también entre ellos, un imponente león llamado Leo. Era un ser valiente y sabio que siempre era justo. Le gustaba buscar enseñanzas en cada situación para transmitirlas a los demás.
Un día, mientras Leo caminaba por el bosque, se encontró con un pequeño zorro llamado Félix. Félix estaba triste porque el Gran Lobo había destruido todos y cada uno de los regalos que tenía preparados para su familia. El lobo solo lo hizo por diversión, como solía hacer todas las cosas. Félix quería regalarle a sus seres queridos algo especial, pero ya no sabía qué. Leo, con su experiencia, decidió ayudar a Félix a encontrar una solución.
Juntos, se aventuraron en busca de ese algo especial. Leo, con un fuerte rugido, les hizo saber a los demás animales la triste situación de Félix. Por lo que todos atendieron el llamado de Leo y decidieron rápidamente ayudar. Encontraron un viejo árbol de Navidad abandonado, con ramas secas y sin decoraciones. Leo tuvo una idea brillante: utilizarían las habilidades de cada animal para transformar el árbol en un símbolo navideño espectacular.
El águila, con su aguda visión, encontró ramas verdes y resistentes para reemplazar las secas. El conejo, con su velocidad, tejió una hermosa guirnalda de luces. El oso, con su fuerza, levantó las ramas y las colocó en su lugar. Y así, cada animal aportó su talento y habilidad para embellecer el árbol. Cuando terminaron, se veía magnífico, lleno de vida y alegría.
El Gran lobo observaba escondido cómo todos los animales usaban sus habilidades en comunión para ayudar a Félix… Y sintió envidia. Se dio cuenta que su mal humor, su apatía y su ser agresivo no le ganaba respeto, sino miedo. Veía cómo al imponente león se le acercaban con confianza, aprecio y respeto, mientras que él vivía en soledad y amargura. El lobo no quería vivir así, no quería seguir estando solo y sin amigos.
Mientras contemplaba aquella escena, escuchó a la envidiosa serpiente conspirar con los cocodrilos para destruir por la noche todo lo que habían construido los animales del bosque.
La Navidad ya se acercaba. Félix estaba emocionado y agradecido por la ayuda de sus amigos. Inesperadamente vieron venir al Gran Lobo a toda velocidad. Todos los animales se asustaron, pues no querían que éste destruyera el hermoso árbol que habían hecho, pero el lobo no venía a eso. Rápidamente interceptó a la serpiente y la arrojó lejos.
Todos los animales quedaron sorprendidos por la velocidad y determinación con la que el Gran Lobo actuó para proteger lo que, entre todos, habían construido. Agradecidos, celebraron y agradecieron esta enorme ayuda.
Con esta acción, el Gran Lobo por fin experimentó lo que tanto buscaba: el respeto de los animales. Pero, además, encontró algo que no había sentido jamás: el aprecio y la aceptación sincera. Con esto, el Gran Lobo dejó de estar solo y gozó la Navidad en compañía de todos los demás animalitos del bosque encantado.
Moraleja: Poner tus dones al servicio de los demás no sólo es bueno para ellos, sino para ti mismo y para la interacción en sociedad.

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