Ana Luisa Téllez Rosales El profesor se sentó en su escritorio, con una extensa sonrisa, satisfecho por el silencio que reinaba en el salón: todos los alumnos estaban callados, sin jugar entre ellos, sin reír, pararse, saltar, ni gritar ni eructar, no se estaban rayando unos a otros ni a las mesas, tan solo leían... Leer más →
