(Y mi gato)
Sara Valenzuela Bonola
Un día los humanos observaron a lo lejos algo que nunca habían visto: eran como nubes antes de llover, pero no se quedaban estáticas en el cielo, en su lugar subían.
Los humanos se acercaron a esas nubes. Al llegar, vieron una bestia rojiza moviéndose bruscamente de un lado a otro; la intentaron tocar, pero los lastimó. Arrasaba con todo a su paso, los humanos sólo pudieron huir.
Mientras tanto, los dioses los miraban con cierto desprecio y odio; debido a que los humanos no les rindieron culto, ese había sido su castigo.
Todos miraban satisfechos de su castigo, todos menos Moca. Él sentía lástima por los humanos, así que decidió bajar a la Tierra para controlar el incendio, enseñarles a conservar el fuego, pero sobre todo a crearlo y así lograrían ser más autosuficientes.
De vuelta en la Tierra nadie sabía cómo detener el incendio, ya había acabado con el bosque. Entonces Moca llegó, se plantó sobre el suelo y rodeó el incendio con su cola, sofocando lentamente el problema. Cuando terminó se acercó a los humanos sosteniendo el fuego con su cola, se los entregó y les explicó.
Este es el fuego, es hermoso, pero peligroso. Si lo usan con sabiduría será su salvación, pero si abusan de él los destruirá, así como arrasó con todo este bosque.
Sin embargo, cuando Moca tomó el fuego para controlarlo, este quemó su cola hasta hacerla desaparecer. Pero Moca, contento con su trabajo, decidió tomar una llama de ese primer fuego y portarla en lugar de cola.


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