Alán de Jesús Ramírez Ramos
El 15 de abril de 2012, en Canadá, nació un chico llamado Liam Richard. Su papá era músico y su mamá era maestra. Desde pequeño empezó a tocar instrumentos que su papá tenía en casa y se dio cuenta de que le gustaba la música. A los 6 años le regalaron una batería, pero no le gustó tanto y probó con todo tipo de instrumentos, desde violín hasta piano. A los 10 años encontró la vieja guitarra eléctrica que su mamá le había regalado a su papá, entonces empezó a tocar notas al azar. Su papá se dio cuenta de eso y le enseñó a manejarla. Aunque no sabía tocar nada, aprendió a mover su mano para tocar casi todo tipo de canciones y sus papás le vieron el verdadero potencial que tenía.
El 25 de marzo de 2023 sus padres le preguntaron si podría aprenderse una canción entera para participar en un concierto en menos de un mes y sin pensarlo dijo que sí. En cuestión de tres semanas ya se sabía toda la canción, pero creía que podía mejorar. El concierto se retrasó hasta junio y tuvo el tiempo para poder hacerlo perfecto. Todos los días practicaba sin parar hasta que llegó el día del concierto. Liam nunca había tocado enfrente de nadie, solo frente a sus papás y su hermana. Estaba muy nervioso porque, aunque tuvo mucho tiempo para estudiar, había una parte que se le dificultaba, además había mucha gente: sus primos, tíos abuelos, una maestra suya y claramente el público. Él fue el último en pasar y mientras esperaba vio que el resto de los participantes hacían ejecuciones perfectas, lo que lo hizo sentir una gran presión. Subió al escenario y empezó a temblar de los nervios, aun así comenzó a tocar. En ese momento sintió algo que jamás había sentido, era increíble, entonces decidió que eso era lo que haría el resto de su vida. Como le había gustado tanto la experiencia, se animó a tocar en su escuela frente a todos sus compañeros y aunque tuvo algunos fallos no se sintió mal.
El concierto en el que participó era cada año y como este festival se popularizó, más niños querían participar, por lo que se realizó hacer un pequeño concurso para seleccionar a los intérpretes, desafortunadamente no pudo pasar ese filtro. Esto lo decepcionó y aunado a eso, se lastimó los dedos hasta el punto en que le sangraban con sólo tocar las cuerdas de la guitarra. Para recuperarse tuvo que guardar la guitarra y todo su equipo. Por medio año no tocó ni una sola canción.
Cuando su cuerpo sanó, volvió a tomar la guitarra, temeroso de no recordar cómo tocarla, sin embargo el talento no había desaparecido. Por otro lado, se enfrentó a otro problema: la escuela se volvía más exigente y se le dificultaba hacer las dos cosas al mismo tiempo, así que dejó de tocar otra vez.
Pasaron dos años y cuando entró a la prepa encontró a tres muchachos con el mismo objetivo que él tenía: dedicarse a la música; pronto se volvieron buenos amigos. Era el momento de volver a tocar sin que nada lo impidiera, entonces crearon un grupo. Cada semana tocaban en su preparatoria y obtuvieron algo de fama.
Cuando fue el momento de entrar a la Universidad, decidieron dejar la escuela para dedicarse cien por ciento a la música. Sacaron muchas canciones donde Liam sobresalía en solos de guitarra y siguieron así hasta que fueron reconocidos mundialmente.
Liam Richard tenía 24 años apenas, pero había alcanzado su meta y todo se lo debía a su familia y a sus amigos. Había logrado lo que muy pocos logran a tan corta edad: ser uno de los mejores guitarristas de la historia junto a Brian May, Adrián Smith y Slash, los guitarristas de las bandas que le gustaban de pequeño y sus ídolos.

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