Renata Murillo
El profe José Manzanilla nos invitó a mis compañeros de la clase de Estética y a mí a la inauguración de dos exposiciones pictóricas: El camino de Marabú, de Israel Barrón, y Era gris, de Scott HVN. Ambas se exhiben en la Galería de Arte Contemporáneo de Xalapa, ubicada en el #135 de la calle Xalapeños Ilustres, en el centro de nuestra ciudad.
Puedo decir que fui criada en un entorno artístico donde destacan la danza, la música y la pintura. A decir verdad, disfruto mucho de estos eventos, pues me permiten viajar al mundo sensible. Sin embargo, hasta ahora no había entendido el verdadero valor del arte como una forma de expresión necesaria para el ser humano. Fue en las clases de Estética donde el diálogo se convirtió en mi mejor maestro, guiado por el profe José. Gracias a estas herramientas, pude tener una idea más clara de lo que los artistas buscan transmitir en sus obras, ya sea un mensaje profundamente personal o algo abstracto que debe ser interpretado individualmente.
La exposición de Barrón me causó un efecto impactante. Al ver sus trazos tan precisos, daba la impresión de que habían sido hechos por una máquina. Esa realidad fantasiosa en la que habitan la mayoría de sus obras es agradable a la vista y me transmite una ligera nostalgia, como cuando recordaba los cuentos que me leía mi mamá de niña. Sus ilustraciones, sin duda, reflejan su sello personal.

Ahora, hablemos de Era gris. Aunque pueda parecer un cliché expresar el sentimiento de ausencia—en este caso, de una pareja—, no podemos desvalorizar el arte solo por ser un tema recurrente. La exposición deja en claro los sentimientos de melancolía, el anhelo de algo que ya no está y la tristeza ante lo efímero e inevitable. Scott retrata en una obra titulada «No estás/no estoy» dos posibles estados emocionales: uno donde la lucha consigo mismo y la autoculpabilidad por dejar algo atrás nos hacen sentir incompletos y fuera de nuestro propio cuerpo físico. En «No estás», nos muestra un ambiente que recuerda una escena del crimen, donde el dolor es más visceral. Por sus tonalidades, a mí me transmite enojo y desesperación.
Logré empatizar mucho más con esta exposición porque siento que está dirigida a un público joven. Su concepto gira en torno a la ruptura amorosa, algo que, en determinado momento, puede sentirse como el fin del mundo. Sin embargo, el artista encuentra la forma de canalizarlo y plasmarlo en collage, pintura, video y una pieza intervenida: una pintura con una frase construida con cuerdas. Me gustó que usara elementos de la vida cotidiana, como boletos de camión o mensajes de texto que podrías enviar cuando estás al borde de un brote psicótico y buscas respuestas en un callejón sin salida.
Para mí, no hay mejor forma de aprender que la experiencia misma. Me permití escuchar, observar y darle mi propio significado a cada obra.


Deja un comentario