En la oscuridad

Patricia Márquez Contreras

Pablo vivía en una casa muy grande y vieja que perteneció a sus tatarabuelos. Una noche, cuando ya estaba acostado en su cama, oyó un sonido extraño. Parecía un zapateo ruidoso que venía de un pasillo profundo y tenebroso. Pablo se escondió debajo de la cobija porque tenía mucho miedo. «¿Quién será a esta hora?”, pensó, pero no se atrevió a salir de su habitación.

De repente, se escuchó como si alguien respirara muy cerca de él. Era un sonido profundo, Pablo no podía mover sus piernas ni sus brazos. De pronto, vio una sombra muy grande, tan grande que el cuarto parecía ser mucho más oscuro.

¡Era Nosferatu, un monstruo terrible con cara de murciélago!, se parecía a Drácula, pero aún más feo. Tenia ojos rojos como el fuego que brillaban y caminaba lentamente arrastrando sus horribles garras.

Pablo intentó gritar, pero estaba paralizado; la araña gigante que siempre veía en su ventana también apareció con sus patas largas y flacas, arañando las paredes lo cual provocada un ruido atroz. Pablo sentía que su corazón se rompía del miedo.

De pronto, se vio una urraca que volaba dentro de la habitación. El ave parecía no tener miedo, pero Pablo sabía que algo malo iba a suceder. Pensó en hacer una oración, su abuela decía que eso servía para ahuyentar el mal. La repitió muchas veces, pero los ruidos y Nosferatu, no se detenían.

Pablo cerró los ojos con mucha fuerza, esperando que todo se acabara, y no paraba de orar. Cuando abrió los ojos de nuevo, todo paro. Ya no se oía nada. Nada excepto su propia respiración.

Él nunca olvidó esa noche. Sabía que siempre habría algo asechando en la oscuridad, pero ya estaba preparado por si volvía a escuchar el zapateo o a ver esos ojos, ya sabía cómo enfrentarlo.

Luz Sofía Hernández

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑