Eloísa Leñero Servín
Una vez, una leona decidió salir a cazar alimento para su familia. No se dio cuenta de que era seguida por un águila igual de hambrienta, pero más floja.
El águila volaba muy cerca de la leona, pendiente de sus potenciales presas. Cuando notó que la leona estaba agazapada y a punto de saltar sobre su cena, el águila pensó que esa sería la oportunidad perfecta de robarle su alimento.
La leona capturó un delicioso antílope, pero quedó tan cansada que lo abandonó un momento para ir por agua. En su ausencia, el águila aprovechó y comenzó a picar al animal muerto hasta arrancar un gran trozo de él. Era tanta su prisa por comer antes de que llegara la leona, que al embutirse el trozo de antílope se atragantó y murió.
Cuando la leona regresó del manatial, observó sorprendida que en vez de una cena, ahora tenía dos.


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