Bonhomía
Mariella Herrera Barredo
Existió alguien con real bonhomía
por quien hoy la brisa susurra
melancolía
todavía en silencio
escuchando
intrigantes historias
morales
sabios consejos en semillas
plantó
constantemente iluminando nuestros
sueños
eternamente
agradecida
bendecida
vía
hacia el universo
en nosotros
inmortal
Carta al profe Gus
Jimena Aimé Marín Díaz
Querido profe Gus:
Desde que lo veía, sentía un profundo sentimiento hacia usted, aunque no lo conocía. Tenía un anhelo por querer que usted fuera mi maestro. Efectivamente, ese sentimiento se fue adentrando en mi vida personal, porque no solo daba clases de química, pasaba más tiempo preocupándose por todos, desde compartir sus barritas de amaranto hasta disfrutar esos lunes de plática y reflexión. Palabras de aliento y de consuelo salían siempre de su boca, sin importar la situación o la persona. Sí, fue un papá adoptivo para muchos de nosotros a pesar de que cuando le decíamos:
-¿No quiere adoptarme?
Usted contestaba:
-¡Noo, cómo crees, a ver, no puedo…!
Profe Gus, ejemplo de LUCHA. Hace años que pudo haber dejado de dar clases y quiso siempre quedarse, aún con la pierna adolorida y el bastón.
Por eso y más, mi corazón siempre tendrá un espacio para el querido profe Gus: inteligente, gentil, cómplice, considerado, generoso, amable, Admirable, ejemplo, sincero, consejero, caballeroso, tierno de corazón, humilde, guerrero.
Siempre recordaremos sus famosas frases:
-¡Ups!
-¡No quieres estudiar química!
-Se dice el pecado, no el pecador.
-Haz lo que tengas que hacer en el momento que lo tengas que hacer para estar bien.
-No hagas cosas buenas que parezcan malas.
-¡Ay, criatura!
Siempre atesoraré esos bellos momentos:
-Nuestra ida al laboratorio y al café
-Todos los cumpleaños
-El primer grupo que logró que nos llevara lasaña
-Todas las invitaciones a conciertos
-Cuando nos contaba lo orgulloso que estaba de sus hijos y esposa
-Su característica risa.
-Siempre que resaltaba mis virtudes cuando a veces ni yo las veía.
Usted hacía que todos y cada uno se sintiera especial y único. Por eso y más, siempre tendrá un espacio único y una huella en mi corazón que nadie jamás podrá remplazar. ¡Lo amamos por siempre, profe!

Un superhéroe en la educación
María José López Gutiérrez
Alguien dijo una vez que las personas nunca se van para siempre, por que permanecen eternamente en el corazón y recuerdos de los que tanto quisieron e interactuaron ellos.
Pensar en todo lo vivido junto al querido maestro Gus, me llena de recuerdos. Lo conocí cuando yo ingresé a secundaria, pero no había tenido la dicha de poder conectar con él de manera personal y educativa hasta que llegué a tercer año de secundaria, teniendo el placer de aprender la materia de química y así poder obtener conocimientos de mi maestro Gus, de su manera de enseñar, inspiradora y accesible. Siempre estuvo alentándome en que yo lo podía lograr y que no me sintiera sola porque él siempre iba estar para apoyarme en mis dudas educativas.
Coincidimos aún más cuando estuve en primer año de bachillerato. El maestro Gus fue nuestro tutor de salón y recibí aún más su apoyo, porque había tenido algunos problemas personales y él siempre me decía: “no te preocupes, todo se va a solucionar”, “animo”, “hay que ser guerreros en esta vida y salir adelante”.
Siempre me enseñó a ser una persona positiva ante las circunstancias, a no rendirme. Nunca olvidaré su último consejo: “María José, recuerda que tú eres una persona que vales mucho en esta vida y que problemas siempre habrá, pero ninguno será más grande y fuerte que tú”.
El saber de su partida me dejó en shock, porque el maestro Gus siempre será alguien importante en mi vida, al dejar una huella como mi profesor y amigo, su guía y mentoría han marcado una diferencia significativa.
Le estoy increíblemente agradecida por siempre apoyarme en todos los sentidos, por ser un maestro entregado a su profesión y dar todo en el salón de clases, porque siempre estaba dispuesto a escuchar y dar consejo útil para nuestras vidas como estudiantes. por haber compartido conmigo mis cumpleaños. Sé que estaría orgulloso de poder verme graduada del bachillerato.
Aunque decir adiós es difícil, me quedo con la certeza de que las lecciones que aprendí con usted, mí querido maestro Gustavo, me acompañarán siempre. Me siento afortunada de haber tenido la oportunidad de ser su alumna y estoy segura de que muchos otros se beneficiaron de su guía, como lo fui yo.
Con el mayor de los respetos y la gratitud más profunda
Majo.


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