Una carta para el profe Gus
Bree Ocampo Rivera
Querido Profe Gus:
Esta no será la última carta que le escribo. Usted me conoció cuando yo tenía la herida abierta, sangrando y pulsando. Usted tomó un hilo de oro y la cosió, atenuó mi dolor hasta que desapareciera por completo. Yo lo conocí enfermo, y aun así, siempre se mostró fuerte para mí, para todos. No solo me curó a mí. Muchos atestiguamos sus tan buenos consejos, su manera tan paternal de cuidarnos, incluso si usted era el que más cuidado necesitaba. No fue su culpa amar tanto, amar nunca será malo, todos amamos igual que usted, lloramos, herimos, curamos. Dio la luz para el camino de muchos: fue guía, padre, hermano, hijo. Todo esto perdimos aquel día tan fatal, lleno de flores blancas y lágrimas de sal, amargas y furtivas. Estuvimos todos reunidos para usted, viendo su rostro tan calmado, libre de los dolores de aquella tan injusta enfermedad. Le dimos nuestro corazón, latiendo todavía, y lo pusimos junto al suyo, en ese lugar oscuro de tan solo cuatro pequeñas paredes.
Con cariño Bree

Rosa blanca
Zoé Barragán Landa
Profe Gus:
Dejó una huella en mi corazón que jamás se borrará,
mi ser siempre nuestro reencuentro esperará.
Usted sabe que en los momentos más altos y bajos
estaba completamente a mi lado.
Siempre sentí el apoyo mutuo ante problemas de la vida,
aunque era mi maestro, me dio el cálido calor de una familia,
pues la confianza que nos teníamos era distinta.
A pesar de las múltiples caídas y heridas
Usted siempre me levantaba,
poniéndome un curita.
Atesoro en mí un lugar especial
que nadie jamás le podrá quitar.
A veces el dolor llega y me abruma,
y cuando casi me consume...
Recuerdo sus palabras como un olor fragante de un blanco perfume:
"Eres un angelito caído del cielo en el momento más oportuno,
solo me queda darte eternas gracias por lo que has hecho por mí
en este mundo."

Extrañaré
Sandra Vázquez
Extrañaré
al compañero, consejero y amigo.
Extrañaré
al gran ser humano que siempre fue.
Extrañaré
los momentos que compartimos en clases y en el receso.
Extrañaré
la paciencia para escuchar a los alumnos
y darles atinadas guías vitales.
Extrañaré
tus “buenos días, maestra”
“ten un buen día, maestra”
“¡mucho ánimo, tú puedes!”
“¿cómo están tus nietos?”
“¿cómo está tu esposo?”
“¿cómo estás tú, maestra?
Sí, extrañaré tanto al maestro Gustavo,
ha dejado un vacío difícil de llenar.

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