Ofrenda literario-artística para el profe Gus I

Una introducción a dos tiempos

Alejandro Solano Villanueva

1. Profe Gus, nunca pude tutearte, te respetaba demasiado, te quise demasiado. Fuiste para mí algo más que un amigo, fuiste mi sensei, mi mentor, fuiste un segundo padre para mí. Todavía alcancé a despedirme. Hoy mi corazón está completamente roto. No sé cómo pegarlo. ¿Qué hacer sin ti, mi buen amigo, qué hacer sin tus consejos, sin tu ánimo, sin tu mirada cándida siempre dirigida hacia el futuro? No te rindas, Solano, por favor, no te rindas, siempre me decías, ya llegaste hasta aquí, ya no tienes nada qué perder. Gracias por querernos tanto, por ser una familia para nosotros cuando la realidad nos dejó a la deriva, por ofrecernos tu casa, por ofrecernos el cariño de tu familia, por ofrecernos siempre tu mano generosa, tu abrazo reconfortante, tus palabras atravesadas por la sabiduría de quien no tiene una pizca de egoísmo en su ser. Me adoptaste como uno de los tuyos y me comprobaste que la sangre y el apellido solo son cosas circunstanciales. Hace mucho frío, prof, aunque haya salido el sol.

2. Qué te digo, Profe Gus. El silencio resuena por todas partes, es un eco que se extiende hasta donde la nada se hace presente. Entonces notamos tu ausencia, la falta que nos haces. Fuimos testigos de cómo generaciones y generaciones de estudiantes se aglomeraban para despedirse de ti. Narraban anécdotas contigo, recitaban tus consejos, algunos no soportaron el peso del dolor y simplemente lloraron callados. Aunque te extrañamos, nos llena de alegría el saber que ya no sufres y que estarás con nosotros hasta el día en que nos juntemos en el silencio eterno.

Tus alumnos y amigos de Freinet, decidimos hacerte este pequeño homenaje. Es una mínima muestra del cariño que te tenemos y que tú correspondiste con cada uno de nosotros. No te miento, nunca pude, te extraño, te extrañamos mucho, y esperamos que estas palabras y estas imágenes nos acerquen un poco más a llenarnos de ti, nos acerquen a ser un poco más como Gustavo.

Descansa, hermano, escucha lo que las voces cantan y admira lo que los dedos trazan en tu nombre.

Obra: El profesor Gustavo/ Héctor Olvera

Raíces Eternas

Silvanna Sandoval Muller

En tus manos llevabas más que tiza,
llevabas estrellas, caminos de luz.
Tus palabras, susurros del viento,
eran ríos que fluían hacia el mar del saber.

Tus ojos, aunque cansados por la tormenta,
nunca dejaron de brillar como faros,
guiando a quienes estábamos perdidos,
a quienes buscábamos respuestas
entre sombras de dudas y miedo.

Esa nube oscura que se posó sobre ti
intentó apagar tu fuego, pero tu llama, Maestro Gus,
ardió más fuerte en cada sonrisa,
en cada lección que sembraste con amor y cariño.

Ahora que te has ido,
no es la muerte quien te lleva,
sino la vida misma que te transforma en viento,
en el eco de nuestras voces y pensamientos.

Tus raíces son profundas
en el corazón de quienes nunca te olvidarán,
y tu legado florece,
como un árbol en primavera
que ni el invierno podrá derrumbar.

No solo fuiste mi maestro, fuiste mi amigo

Raúl Soto Quiñones

Hace unos meses, sin saberlo, tuve mi última clase contigo. Todavía escuchaba tu voz, el “mi junior”, y unas palmadas en la espalda. Hoy no tengo las palabras para describir esto que siento en el pecho. Lo que sí sé es que la escuela ya no será lo mismo sin escuchar tus pasos, tus risas, tus buenos consejos, los lunes a las 7:30 de la mañana, cuando nos decías que teníamos que ser los mejores, demostrarnos a nosotros mismos que sí íbamos a poder.

Hoy te doy las gracias por ayudarme cuando más lo necesité, estuviste ahí en esos días de miedo, cuando mi cuerpo temblaba. En el momento cuando estaba perdiendo la batalla contra mis ataques, con unas simples palabras y un fuerte abrazo, lograbas calmarme. Ahora estoy consciente de que no solo fuiste mi maestro, también fuiste un amigo, al cual pude contarle todo sin tener miedo a que me juzgara. Te agradezco infinitamente por todo lo que hiciste por mí. Ahora serás unas de esas estrellas que guiarán mi caminó, tomaré tu ejemplo para ser una buena persona y ayudar a quién lo necesite. Siempre llevaré tus palabras, tu dicho: “no hagas cosas buenas que parezcan malas”. No te diré adiós. Será un hasta pronto, porque aunque ya no estés presente físicamente, sé que siempre estarás a nuestro lado.

Descansa en paz, Gustavo Adolfo González Guadarrama.

Cuando fue que se terminó

Víctor Hugo Vértiz II

Los momentos del ayer circulando,
algunos al pensar, sonrientes;
otros al recordar, hirientes;
fugaces los recuerdos del ayer
inalcanzables como las estrellas.

Momentos inolvidables son
en estos corazones regados,

Aunque es difícil, no queda más
que avanzar y no volver atrás,
de ser así, no te habrías ido
sin dejar marcado ya el camino.

Tus lecciones, como siempre,
las anécdotas, también,
con un esfuérzate terminan.

Todos agradecidos, eso siempre,
aunque nos harás falta eternamente.

Seremos lo que le costó,
lo que con tanto esfuerzo construyó,

Siempre agradecidos:
¡gracias por el tiempo compartido!

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