Jimena Aimé Marín Díaz
Parecía viejo, polvoriento y junto a cajas llenas de historias olvidadas. Más de 10 de esos cubos grandes de cartón con letras incomprensibles, recuerdos de un pasado extinto.
No sé si realmente los querían o si simplemente los retenían y acumulaban Me siento decepcionada con estas nuevas generaciones desconectadas de la realidad y enfocadas en los videojuegos.
A pesar de su grieta, tenía su encanto. Las cicatrices, testigos de anécdotas que susurran momentos, personas, lugares, e incluso aromas y sabores.
Chris, mi padre antes responsable, ahora hundido en la melancolía tras perder a mi madre, Celeste. El tormento de una pérdida lo envolvió en una depresión, llevándolo a la sombra de adicciones que antes decía despreciar.
Decidí ir a vivir con Abu, mi abuela materna. Aunque era doloroso regresar a la casa de las recurrentes historias de Celeste, también era cálido, como revivir esa chispa que encendió el amor inapagable. Abu, con sus besos llenos de amor me recordaban a mi madre, sus abrazos tranquilizadores y su mirada protectora, se convirtió en mi ayuda durante la angustia.
-Come que se te va a enfriar, Luz- me interrumpe los pensamientos mi Abu.
-Ya voy- le respondo mientras retomo la cucharada de sopa fría que había dejado a la mitad.
La oscuridad me llamó desde el ático. Intrigada, subí y encontré un rincón que llamaba mi atención. Entonces vi a Celeste, justo al límite donde llegaba la luz. Detrás en la esquina oscura un manto cubría un objeto grande. Al levantarlo, revelé un espejo, parecía tener una historia que contar…
Parecía viejo, polvoriento, estaba junto a cajas y a pesar de su cicatriz era hermoso. Muchas veces las causas de las cicatrices son absurdas, pero no lo son si dejaron una marca y éste la tiene.
Creo que le preguntaré a mi Abu, ojalá ella lo recuerde, creo que este espejo en realidad tiene un significado, un verdadero apego o eso parece, me pregunto por qué no estará abajo.
Mi madre en su laboratorio con sus guantes fue lo primero que vi, (incluso antes de mi reflejo), cuando de pronto una explosión quebró el espejo. Vi correr su vida: momentos importantes, desde su boda hasta risas con sus nietos.
Este era más que un simple espejo; era un portal mágico que conectaba con el pasado y el futuro. Ahora sé que no sólo reflejaba, sino que también absorbía, creando un vínculo entre mi Madre y yo, Luz, su hija.
Ese espejo, como Celeste, tenía el poder de hacer brillar incluso lo más opaco. Pararme frente a él hacía que la luz de mi madre se encendiera en mí. Aunque éramos opuestas en carácter, sus ojos, nariz y ondas las heredé. A veces, el espejo parecía jalarme hacia ella, fusionando nuestras semejanzas y diferencias.
No era simplemente un espejo, reflejaba cómo éramos, tan opuestas e iguales.
Era como si, cada vez que nos acercábamos, rebotáramos en una dirección contraria. Mostraba cómo a pesar de que ella era la original, yo podía ser la luz de su reflejo, y creo que en eso trato de convertirme…


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