Fábulas navideñas: Primera parte

Un zorro, un conejo y una estrella mágica

Valeria Camacho Falcón

Había una vez un bosque de pinos en donde todos los años, durante la temporada navideña, los árboles se vestían con luces brillantes y los animales se reunían para celebrar de una manera singular.

Cerca del árbol de Navidad más grande, brillaba una estrella especial que otorgaba deseos mágicos. Un zorro llamado Zorin, pensando en sí mismo, deseó tener la cola más extravagante y hermosa. Inmediatamente, su cola se volvió larga y esponjosa como nunca antes.

Un conejo que pasaba por ahí, al ver la magia, también decidió pedir un deseo: “que haya suficiente comida y calor para todos los animales del bosque durante el invierno”, imploró. La estrella brilló aún más y esparció su luz por todo el bosque.

Los días pasaron, Zorin siempre se la pasaba alardeando de su magnifica cola, mientras que el conejo se la pasaba compartiendo su comida con el resto de los animales.

En la víspera de Año Nuevo, se desató una fuerte tormenta. Los árboles crujían bajo el peso de la nieve, y los senderos se volvieron peligrosos. Zorin, con su larga cola, luchaba para moverse y mantener el equilibrio. A pesar de su apariencia impresionante, se encontraba en apuros.

Por otro lado, el conejo, junto con otros animales, distribuía alimentos y construía refugios improvisados para aquellos que lo necesitaban. Su corazón cálido y su espíritu generoso hicieron que el bosque se uniera en solidaridad.

Zorin, humillado y frío, se acercó al conejo y le pidió ayuda. Sin dudarlo, él lo acogió en su refugio y compartió su comida. Fue entonces cuando Zorin entendió que la verdadera belleza está en la amabilidad y la compasión.

La estrella mágica, testigo de la transformación de Zorin, brilló con satisfacción. La lección resonó en todo el bosque: la generosidad y la empatía son tesoros más valiosos que cualquier adorno externo.

Desde ese día, Zorin cambió. Aprendió a valorar lo que realmente importa y se unió con el conejo en la tarea de cuidar del bosque y sus habitantes. Así, cada Navidad y Año Nuevo, recordaban la lección de la estrella y compartían la alegría y la prosperidad con todos.

Meowy Christmas, Internet.

Rescate de Pelusita

Mariella Herrera Barredo

Había una vez un gatito llamado Pelusita, el cual vivía en una casa llena de amor y cuidados, en una colonia llena de otros gatitos. A pelusita le encantaba salir con todos ellos desde la tarde hasta el amanecer. Disfrutaba subir a algún techo y ver el sol salir. En ese momento, todos se iban a su casa a tomar la leche caliente que dejaban sus dueños o a acostarse a su lado.

Sin embargo, un día los dueños de Pelusita decidieron mudarse. Empezaron a empacar. A Pelusita no le preocupaba aquel asunto. Hasta que un día, cuando regresó después del amanecer, encontró la ventana del cuarto de su ama, por la cual siempre entraba, cerrada. Toda la casa se podía ver vacía y solitaria.

Regresó a la azotea. Para su sorpresa, se encontró uno de sus amigos gatos, ahí estaba Bigotes, hecho bolita, parecía tener mucho frío, al igual que él. Pelusita le preguntó por qué estaba ahí; él respondió que si dormía en el parque, seguro lo golpearían como hace un par de días. Pelusita se extrañó y, por su silencio, Bigotes le contó que desde el verano él ha estado viviendo por su cuenta, que ha sufrido mucho maltrato y ha pasado muchos malestares por el clima y la porque a veces no tiene qué comer. Pelusita se sorprendió aún más porque ya casi era navidad… Eso quería decir que su amigo no tenía hogar desde hacía ya muchos meses.

Pelusita se sintió triste y confundido cuando lo dejaron abandonado. Extrañaba su hogar y no entendía por qué tenía que estar allí. Pero el destino tenía preparada una sorpresa para Pelusita y su amigo. Después de tener un par de días muy difíciles, llegó un grupo de personas a perseguirlos, ellos pensaron que no era con ningún buen fin, no podían confiar en las personas, todas les habían fallado antes, así que huyeron. Sin embargo, cuando les mostraron comida, no se pudieron contener, tenían mucha hambre, caminaron hacia ellos y recibieron comida y caricias. Las personas los cargaron por sorpresa y los llevaron hacia una camioneta, los llevaron a bañar y a comer en un lugar con otros gatitos sin dueños.

Días después, una familia que buscaba una compañía peluda visitó el refugio y se enamoró al instante. Le dieron el mejor regalo navideño a la niña de la familia, llevaron a casa a Patitas, Bigotes y a un gato más. Les dieron todo el amor y la atención que necesitaban.

Pelusita aprendió que, aunque el abandono duele, siempre existen personas buenas dispuestas a ayudarles, brindarles cariño y un hogar. Desde entonces, vivió una vida llena de felicidad y ronroneos, recordando siempre que encontró un nuevo hogar gracias a la bondad de otros

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