Maru Uribe

JIM
Jim estaba muy emocionado por volver a ver a Regina. No habían estado juntos desde que eran niños, cuando pasaban el verano en México, en casa de Regina. Desde entonces se habían escrito y mantenido en contacto, pero nada como volver a juntarse como viejos amigos. Jim acordó con ella que él iría a recogerla en la estación en Kioto a la 12:30 para poder platicar todo el camino de regreso a su casa. Jim decidió salir temprano para recibirla, puesto que recordaba a Regina esperándolo en el aeropuerto con una sonrisa cuando tenían 10 años. Se dispuso a hacer lo mismo y llegó a la estación 15 minutos antes, así, si el tren se adelantaba, estaría allí.
REGINA
Regina estaba impaciente porque no sabía si su taxi la llevaría a tiempo a la estación de trenes de Osaka, no paraba de mirar su teléfono para ver la hora. 11:23. Su tren salía a las 11:30 y no estaba segura de llegar a tiempo para registrar todas las maletas, que eran bastantes, ya que ella jamás viaja sin tener al menos seis cambios de ropa como emergencia, un hábito bastante práctico si me preguntan.
Justo cuando pensó que no llegaría a tiempo, el taxi dio una gran vuelta y se asomó justo a una cuadra de la estación. Salió corriendo a registrar sus maletas con destino a Kioto, donde tenía planeado pasar el mejor verano en casa de su amigo Jim.
En cuanto terminó de dejar sus maletas, llegó a la plataforma cinco, indicada en su boleto, pero se encontró con un pequeño problema: había dos trenes esperando a abordar y ella no sabía cuál de los símbolos significaba “dos”, así que decidió apresurarse y preguntarle al cobrador del primer tren cuál era el correcto. Regina preguntó amablemente si ese era su tren, pero el cobrador solo hablaba japones. Ambos tenían problemas para entenderse, al final, el cobrador se desesperó y solo la obligó a pasar y sentarse en cualquier lugar. Ella se sentó un poco inquieta ya que no estaba segura si era el tren correcto, pero algo le decía que no.
Cuando el tren comenzó a partir de la estación, Regina se percató que la dirección a la que iba era otra, así que dedujo que ese no era el tren correcto, esperó a que parara en la siguiente estación y decidió arriesgarse a preguntar una vez más a alguien qué tren debía tomar para llegar a casa de Jim.
Estuvo 30 minutos en la estación con el gerente del lugar, ya que manager fue lo único que el vendedor de boletos entendió de todo lo que le dijo. En el intercambio de palabras en japones, inglés y mezclas de ambas lenguas, Regina alcanzó a entender la palabra verde, que pensó sería el color del tren que debía tomar. Así lo hizo, para su suerte solo había uno en la estación e iba para el lado contrario del que se bajó, así que supuso que estaría bien. Se bajó en la última parada, esperando estar en su destino, pero para su mala suerte no se había ni acercado.
JIM
Mientras Regina pasaba de tren en tren por todo el sur de Japón, en el norte, Jim estaba un poco impaciente porque ella debía de haber llegado hace 30 minutos, lo único que logró recoger de la estación fue una cantidad increíble de maletas. Pensó que tal vez Regina tomó un tren aparte debido a algún retraso en el suyo, así que decidió llamarla. Por suerte contestó:
— Bueno, ¿Jim?
—¿Regina, pasó algo con el tren? —dijo él.
—Sí, no sé qué tren debo tomar y nadie de la estación habla inglés o español
—Eso suele pasar cuando estás en Japón —Rio, pero se detuvo al escuchar que solo para él fue gracioso.
—¿En qué estación estas ahora? —preguntó Jim
—En la estación del sur de Tokio
—En ese caso, tendrás que salir de esa estación y llegar a la del noroeste… —en el momento en el que estaba por darle las indicaciones se dio cuenta que se había cortado la llamada.
REGINA
“¿Jim?”, preguntó Regina. Se despegó el teléfono de la oreja y revisó que había pasado. Vio que su batería se había agotado. En ese momento se dio cuenta que estaba perdida en Tokio, sin comunicación ni un mapa. Por suerte Jim le dijo el lugar para tomar el tren correcto y llegar a su casa, el único problema era que no sabía cómo llegar a dicha estación.
Decidida a llegar a tiempo, salió de la estación a buscar algún lugar que tuviera un mapa o en donde hablaran medianamente español o inglés. Caminó por un rato hasta que llegó a una tienda de antigüedades que tenía muchos anuncios en español, así que decidió entrar y ver qué podía conseguir.
Era una tienda llena de artilugios viejos, pero en un muy buen estado, parecerían nuevos si no fueran de los 90´s. Estuvo tocando la campana del mostrador por un rato hasta que vio a un gato blanco con negro que se acercaba contoneándose para la entrada. Regina nunca ha sido fan de los gatos, pero ese le proporcionaba menos confianza de la normal, algo tenía en su mirada que no era felina. En cuanto llegó al mostrador, el gato soltó con una voz grave una pregunta: “¿Puedo ayudarte?”. Regina se quedó boquiabierta mirando al gato, esperando su respuesta.
—¡Qué estas mirando, niña, es descortés estar con la boca abierta! ¿Nunca has visto un Bakeneko? —Regina se recompuso y solo negó con la cabeza —Es un demonio-gato-japonés, por si no sabías —contestó menos ofendido, pero impaciente. Regina decidió que, si quería llegar a Kioto en algún momento, debería preguntarle al único ser que hablaba español.
—Estoy buscando la manera de llegar a la estación noroeste, pero no sé cómo.
El gato se sentó en el mostrador e inició una larga charla de indicaciones que, con trabajos, Regina tuvo tiempo de seguir. Al final de todo, el gato dijo: “si te pierdes en algún lugar, busca algún cerezo y espera a que una mujer muy risueña y traviesa pase por ahí, entonces pregúntale cómo llegar, ten por seguro que llegas”. Regina quedó muy confundida, pero pensó que podría llegar a la estación sin que pasaran cosas más raras. Agradeció al gato y salió de la tienda, viendo cómo este regresaba a su estante atrás del mostrador.
JIM
Estaba corriendo de calle en calle en calle por Kioto, intentando llegar a la estación para ir a buscar a Regina, pensó que estaría esperándolo en la estación sur o cerca de ahí, así que decidió apresurarse y llegar a tomar el primer tren que lo llevara ahí. Llegó corriendo a la taquilla y compró el boleto de las 2:00, ya que era el que su salida era la más próxima. Tuvo que tomar tres trenes para llegar a la misma estación donde ella estaba, o al menos eso esperaba.
REGINA
Salió a la calle, miró en el reloj de una tienda de ropa, vio que eran ya las 4:30 de la tarde; de repente, sintió el hambre que tenía, ya que no había comido desde la mañana. Decidió empezar a buscar un lugar para comer en el camino indicado, pero escuchó un ruido y supo que no auguraba nada bueno, en cuanto alzó la cabeza sintió una gota en su frente y supo que tenía que correr si no quería terminar perdida, con hambre y empapada. Llegó a una tienda que se veía pequeña por fuera, tenía un pasillo muy estrecho, lleno de pinturas, y con una salida al final. Sabía que se iba a quedar un buen rato esperando ahí, pues afuera se había soltado un aguacero tremendo. Nada podía ser peor que quedar empapada. Al pasar por la puertita, descubrió que era una tienda de bonsáis en interiores. Era un inmenso jardín de cristal, de pequeños arbolitos y riachuelos pasando a los costados, sin mencionar la pequeña cafetería al final del lugar, que se veía increíblemente deliciosa. Decidió que ese era el mejor lugar para esperar que pasara la lluvia. Mientras tomaba un poco de sopa Miso, se dio cuenta que el sol se había ocultado y que el jardín se había iluminado con lucecitas amarillas que iluminaban todo el lugar. La gente se estaba yendo, así que decidió probar suerte y ver si la lluvia se había calmado. Sí lo había hecho, pero también había olvidado las indicaciones que debía seguir.
JIM
Se bajó del último tren a las 6:30, corrió a la salida y empezó a buscar a Regina por toda la estación; terminó descubriendo que ella se había ido. Debió suponerlo, pues era la 1:30 cuando hablaron. Habían pasado demasiadas horas, pero aún tenía esperanza de que siguiera ahí.
Salió de la estación y pensó en buscarla en locales cercanos, pero la conocía y sabía que igual se habría ido de ahí. Recordó que alcanzó a decirle que la estación noroeste era la indicada para llegar, así que decidió que empezaría por ahí, si no, ya pensaría en algo.
Corrió por la calle principal, y se encontró en el centro de la ciudad con los edificios iluminados y los dueños de las tiendas encendiendo sus letreros para ventas nocturnas. Pasó cerca de una tienda pequeña y vio a un gato sentado, admirando un local de antigüedades, le habría parecido curioso, si su amiga no estuviera perdida en la ciudad desde el mediodía. Siguió derecho hasta llegar a un invernadero de bonsáis al que a su padre le encantaba ir de niño, incluso pensó en quedarse a ver el hermoso edificio con una cúpula en medio de su local, pero tropezó con una chica y eso le recordó que debía llegar a la estación, se disculpó y siguió su camino.
REGINA
Se había quedado admirando que tan hermosa era la ciudad de Tokio cuando era de noche, todo estaba iluminado y lleno de vida a pesar de las horas nocturnas. Pensó que podrían ser las 9:00 o 10:00 de la noche, pues estaba muy oscuro para ser otra hora, sin saber que en Japón anochece a las 5:30. Cuando de pronto chocó con un chico distraído que pasaba corriendo para la calle de enfrente, ni le dio tiempo de decir algo, pues el chico dijo algo en japonés y salió corriendo. Pensó que traería prisa o que su tren se le iría, así que decidió seguirlo, ya que al menos llegaría a algún lado que no fuera en donde ya se encontraba varada. Lo siguió lo más que pudo, pero lo perdió cerca de un parque, había demasiada gente y el chico iba demasiado rápido. Ya estaba cansada de andar todo el día extraviada. Decidió sentarse en el parque, se tomaría un momento y después pensaría qué hacer, cuando una chica pelirroja se acercó con un frasco de burbujas
—¿Quieres hacer burbujas conmigo? —preguntó. Ella estaba muy contenta y Regina muy confundida. Solo se le ocurrió decir que sí, estuvo con ella un momento, cuando recordó la instrucción del gato, preguntar si estaba perdida. Ella le pareció que era la persona que más se asemejaba a la descripción estando cerca de un pequeño parque de cerezos, así que no perdía nada con preguntar, igual, después de todo lo vivido en ese día, nada podía ser más raro.
JIM
Llegó corriendo a la estación, entró y empezó a preguntar si alguien la había visto, si estaba por ahí o lo estuvo, pero nadie recordaba haber hablado con una chica que solo hablaba inglés o español. Se detuvo a media estación sin saber qué hacer. Caminó despacio hacia afuera con la esperanza de pensar en algo, cuando vio a Regina hablando con una chica pelirroja y señalándolo. La saludó a lo lejos con la mano. Regina sonrió al ver a Jim parado en la estación, fue hacia él y cuando se alejó de la chica, esta se dio la vuelta, pasó atrás de un árbol y de este salió un bello zorro rojo. Jim recordó la leyenda de los Kitsune, pero estaba cansado y prefirió dejarlo para después, así que solo abrazó a Regina y se la llevó sin perderla de vista hasta subir al tren correcto.

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