No recuerdo bien ese día,
pero cambio mi vida
como fichas de dominó.
No pienso sentir más ese dolor
que por tanto tiempo me atormentó.
Solo recuerdo dos dados,
un tarro vacío.
Estaba perdido,
no me quedaba el calzado.
Era una manifestación de mi ego
que había armado como a un lego.
Una especie de parasitismo.
¡Qué duro golpe de realismo!
Lo recordé como un mal día,
Mas no sabía lo que formaría.
Y qué bueno que no tuve alternativa
Pues fue el mejor de mi vida.
Deja un comentario