Silvanna Sandoval Muller
Los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) son una enfermedad mental grave y compleja que afecta a personas de todas edades. Estos suponen una serie de pensamientos, acciones y emociones de conducta alimentaria anormales e irregulares que afectan seriamente el bienestar emocional, físico y social de una persona.
Los tipos de TCA más comunes son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. La anorexia nerviosa implica reducir y restringir el consumo de alimentos, así como obligarse a la actividad física en exceso para mantener un peso corporal muy bajo. La bulimia nerviosa consiste en atracones seguidos de “comportamientos de purga” (aquella acción que se realiza para intentar eliminar algo en nuestro cuerpo, en este caso la comida) y/o el uso de laxantes, intentando así disminuir y controlar el peso. El trastorno por atracones se caracteriza por episodios constantes de la ingesta excesiva de alimentos sin comportamientos de purga.
El eficaz tratamiento para los trastornos alimentarios consiste en un enfoque integral (herramienta para que todos tengan una comprensión compartida con los otros de su situación) que implica manejo nutricional y médico, meditación, psicoterapia y el apoyo familiar. La intervención temprana es esencial para lograr la recuperación exitosa. Desafortunadamente a mí me tocó pasar por esto: yo no tenía la confianza de acudir con nadie porque sabía que lo que hacía no era correcto, pero una vez que empiezas, es muy difícil parar, mas no imposible.
Todo empezó a mis 7 años, aun siendo una pequeña, la gente opinaba sobre mi cuerpo como si fuese el suyo, incluso mi familia cercana. Crecí creyendo que la gente podía opinar todo lo que quisieran sobre mí, porque crecí en mi entorno familiar siendo juzgada constantemente: “Oye, ya te veo más subidita; oye, comes mucho y muy rápido”, y más y más comentarios de ese tipo, pero yo los veía normales, así que también crecí criticando mi cuerpo. El problema real vino cuando empecé a tener más estrés de lo normal por la escuela y las clases en línea, fue cuando empezó el verdadero infierno…

Levantarse a las siete de la mañana, tender la cama, desayunar, tomar clases, a la hora del receso: hacer ejercicio, tomar el resto de clases e, inmediatamente acabando, hacer tarea, comer mientras hacía tarea, y mi día acababa a las doce de la madrugada para al otro día hacer la misma rutina. Los fines de semana hacer tarea y más tarea hasta nunca acabar.
No tenía tiempo para pensar en mí, para llorar, reír o… siquiera cantar… Me era difícil pensar en lo que sentía o cómo me sentía. Después de más comentarios de mi cuerpo y estrés, un día olvidé hacer una tarea de matemáticas, hubo un regaño. Comentarios sobre mi cuerpo, mi peso y el regaño mientras comía me hicieron querer subir a mi cuarto y provocarme el vómito para así bajar de peso más rápido, para que así dejaran mi cuerpo en paz. Estuve de este modo unas semanas hasta que decidí contárselo a mi mamá: que ya no aguantaba y que me había estado provocando el vómito porque odiaba mi cuerpo y quería ser delgada.
No soy mamá, pero sé lo doloroso que puede ser escuchar que tu hija está lastimando su cuerpo. A mi mamá le daba miedo dejarme sola en casa, le daba miedo que volviera a provocarme el vómito y ni ella se enterara. Me costó mucho volver a comer como antes, al principio mi cuerpo, de tanto regurgitar la comida, ya no soportaba tener algo en el estómago e inmediatamente lo regresaba. Fue un proceso largo, podía estar grandes ratos sin comer, sin dormir. Mi vida fue cambiando, me mudé, me fui a otra escuela durante un periodo y empecé a comer más. Ahora veo las fotos de entonces y estaba demasiado delgada, pero yo en ese momento no lo veía. No sé si les pase a todas las personas que tienen o han tenido un trastorno de conducta alimentaria, pero a pesar de que he avanzado, hasta la fecha me sigue afectando.
Sigo teniendo esos episodios donde dejo de comer durante bastante tiempo, lo que es un día entero o hasta dos, donde me dan esos impulsos de querer vomitar después de comer. ¿Todo por qué? La gente suele hacer comentarios sin pensar antes lo que dicen y mucho menos como le puede afectar a la persona, pero lo que he entendido a lo largo de estos duros años es que la gente jamás estará conforme, que si estás muy delgado, que si estás muy subido de peso, que si comes mucho, que si no comes nada…
Pero también aprendí que no debemos de complacer ni satisfacer a nadie que no seamos nosotros mismos. Al intentarlo nos lastimamos y no nos lleva a nada bueno, ya que siempre seremos juzgados, la gente siempre en vez de verte por lo bueno, entre todo eso te busca lo malo. No es que haya un cuerpo perfecto, no es que haya un peso ideal ni una medida ideal… Pero lo que sí hay son estereotipos, que si no cumples con ellos eres tachado y etiquetado por la sociedad, a pesar de que no tienen derecho a opinar de tu cuerpo.
Los trastornos de alimentación no son un juego, no son una opción ni tampoco son un estilo de vida, sino una enfermedad mental que puede tener consecuencias físicas y psicológicas serias si no se trata. Estas consecuencias pueden incluir problemas gastrointestinales, desnutrición, infertilidad e incluso la muerte. Es importante educar a las personas y comunidades sobre los trastornos alimentarios, fomentar una imagen corporal positiva y una relación sana y saludable con los alimentos. La comida no es mala, la comida es la que nos hace mantenernos vivos y con energía. Las redes sociales, en la mayoría de personas, influyen mucho en la perspectiva de los alimentos. Necesitamos esas calorías, esa glucosa, esa grasa, las vitaminas y nutrientes de cada uno de los alimentos que consumimos, pero es esencial, por salud, más que por estética, cómo y cuánto de cada alimento, y también poner el cuerpo en movimiento (caminar, correr, bailar o cualquier tipo de actividad física). Debemos acudir con un especialista, en este caso un nutriólogo, no debemos medicarnos o recetarnos nosotros porque tiene graves consecuencias.
Con el tratamiento y apoyo adecuados, la recuperación de los TCA es posible y las personas pueden llevar vidas satisfactorias, saludables y felices. Todos merecemos llevar una vida con salud y felicidad. En 2019 se realizó un estudio que confirma que, en más de 200 países, 13.6 millones de personas presentaron un TCA y hasta un 10% de mexicanas tienen un grado de trastorno en su conducta alimentaria. Cuando sea mayor, me gustaría poder apoyar a personas con trastorno de conducta alimentaria para que nadie viva lo que yo tuve que vivir, sé que hay personas ahí afuera que la pueden estar pasando mucho peor de lo que yo lo pasé, solo espero poder concientizar a la gente de lo que puede perjudicar la vida de alguien una “broma”, una crítica, un “simple comentario”. No opines si no es tu cuerpo y no te lo pidieron.
Vive y deja vivir.

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