Reseña de la Sinfonía No. 2 en Mi Menor OP. 27 de Sergei Rachmaninov

Lucien Cuenca Castillo

Evento realizado el 19 de mayo a las 20:30 horas en el Centro Cultural Tlaqná.

I

El primer movimiento de esta pieza musical parece anunciar una suerte de tragedia crepitante, una especie de melancolía escondida detrás de un intento de sublimar aquello que solamente se deja entrever. Es interesante notar que, en este intento de sublimación, se hace evidente el esfuerzo por alcanzar una solución óptima ante el aparentemente contenido, ir y venir entre las cuerdas, finalmente resuelto con el retumbar estruendoso del tambor. En esta escalada lucha, que se muestra en el ansioso intercambio entre los vientos y las cuerdas, solamente el tambor rompe con la tensión como interventor, solo haciéndose notar cuando su estruendo se requiere, pero nunca desaparece completamente, sino que acompaña.

II

Como suele ser el caso con los autores rusos, hay una grandiosidad y majestuosidad propia de la idiosincrasia particular al contexto soviético —importante recalcar que la obra de Rachmaninov fue estrenada previa a la creación de la Unión Soviética, aunque estos sentimientos de grandeza seguirían siendo parte característica de la forma particular de componer y ejecutar distintas artes en este contexto—, sin embargo, una que resulta casi reprimida en un inicio, demostrada a través de extenuantes esfuerzos de pura y bruta fuerza. Esta lucha por la expresión de aquello que resulta majestuoso, parece ser exitosa al comienzo del segundo movimiento y durante su desarrollo, aunque su cierre nos presenta con la cautela casi paranoide propia de una victoria.

III

Precisamente, el tercer movimiento se presenta con la trágica calma que deviene del cese al conflicto que en otras palabras llamamos “ganar”. Creo que este movimiento lanza la pregunta de si realmente existen las victorias o aquel es el nombre que le asignamos a los periodos que sirven de transición entre batallas. ¿Qué es la paz para un pueblo que no conoce más naturaleza que las dificultades?, ¿qué significa ese molesto zumbido ansioso en el oído del soldado que lo llama a la guerra aún en tiempos de paz?, ¿existe la calma para los desdichados que se vieron forzados a encontrar dicha en la oscuridad más desesperanzadora?

IV

Parece ser que, según un Rachmaninov terapeado, la victoria se vive y existe. Sí, aun para el pueblo abandonado por sus hermanos, aquellos que le permitieron caer en su miseria; aun para el soldado que no conoce otra amante más inalcanzable —y, por lo tanto, deseable— que la muerte; y sí, aun para aquellos que hicieron de sus tragedias una zona de confort, un lugar donde refugiarse a pesar de no ofrecer seguridad alguna. Sin embargo, uno nunca escapa de la próxima derrota y, aunque así fuese, la ansiosa expectativa de fallar no nos dejaría saberlo.

Fotografía: Sala Talqná/ Internet

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